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A
MANERA DE PRÓLOGO
Con el correr de los años, casi sin
notarlo, pequeñas modificaciones van produciendo cambios precisos de
tal hondura, que al decir de un científico: "Una determinada
situación o un objeto, puede llegar a sufrir variaciones tan profundas,
que lo transforman en algo irreconocible". Cuando nuestro club nace
hacia 1911, el Barrio esta iniciando su sueño de Barrio; crece el
amparo de un centro de trabajo ciudadano -EL MATADERO- y ese
emprendimiento, a imagen y semejanza del norteamericano, ya famoso, nos
da nombre de pila bautismal: NUEVA CHICAGO. Aquella situación fue motor
de progreso, pero en un determinado momento, cuando el barrio ya era
adulto, se interrumpe, ¿Quién hubiera imaginado tiempo atrás la
claudicación del frigorífico Lisandro de la Torre?. ¿Quién la orden
de piqueta al recordado Hospital Salaberry? (me acota el corazón). Pero
estos hechos se fueron sucediendo; como el dolor que nos produjo, en su
momento también, la cesación de los tranvías, nuestro famoso 48,
llorado por muchos, pero desterrado y alejándose para convertirse en
una postal que se ahoga en el sepia del olvido. Los cambios no perdonan
y contra ellos no vale otra solución que adaptarse y seguir adelante.
Por eso en esta memoria, debemos convenir que en sus inicios Nueva
Chicago Club fue como todo sueño primero, una bandera erigida con el
objeto de defender futbolísticamente este lugar geográfico que es el
Barrio. El tiempo fue determinado el contexto social que le compete a
una Institución señera, haciendo evidente sus valores recreativos,
culturales y comunitarios. De modo que bajo los colores queridos de su
bandera, Chicago pasó a ser centro de reunión, faro de comunicación y
foro de formación, suponemos que de este modo se opera el cambio y la
adaptación aconsejable para poder persistir y seguir adelante. Estos
noventa y un años nos encuentran de pié y mirando el futuro,
convencidos, mas que nunca, de nuestra identidad barrial e identificados
con esa realidad, variante que nos solicita presencia en todos los
frentes ciudadanos. Siempre con los colores verdinegros que soñaron,
aquellos que nos soñaron por primera vez.
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