Durante
siglos, el hombre buscó afanosamente acercarse a las fuentes del
placer, y sobre todo, compilar el conocimiento de su generación y época,
de forma tal que pudiera perdurar inclusive a su propia vida.
Mundos mágicos se abrieron. Imaginó a otros hombres, lejanos, que leían
sus escritos, y al compás de su pluma se proyectó a través del
tiempo, rompió las cadenas de su existencia efímera y se torno
inmortal, tanto como sus libros, o sus potenciales lectores.
En cada país, en cada ciudad, barrio, se tejieron historias, se
escribió sobre actualidad, con el solo fin de entregarlas, al público
deseoso de conocer nuevos hechos, ...¡Cuántos hombres con el paso
del tiempo cobran vida nueva en cada lector!
El hábito de la lectura, entonces, constituye un placer cotidiano.
Por varias razones. Desde el punto de vista meramente bibliográfico ,
no alcanza vida alguna para conocer la mayor parte del volumen escrito
sobre algo determinado. Leer constituye algo más que una satisfacción
del momento.
Amigo lector, continúa leyendo. Lee cuanto puedas, el barrio siempre
tiene cosas nuevas, tiene su identidad, su historia, las páginas de
la revista y ahora en Internet, te esperan. No abandones la costumbre
de la consulta, para estar actualizado, todavía resta mucho por
descubrir.