Tapa 263

Editorial
Llenar la carreta
El desenlace de la presentación en el Congreso del proyecto de ley para ratificar las retenciones móviles, los discursos en los medios y en las rutas durante los últimos meses y lo dicho por los legisladores que los apoyaron, y los que no estaban de acuerdo, me hicieron recordar un pequeño escrito que pude apreciar en internet:
"Caminaba con mi padre, cuando él se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó: "Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas alguna cosa más?" Agudicé mis oídos y algunos segundos después le respondí: "Estoy escuchando el ruido de una carreta..." "Eso es" -dijo mi padre- "es una carreta vacía".
Pregunté a mi padre: "¿Cómo sabes que es una carreta vacía si aún no la vemos?" Entonces mi padre respondió: "Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por causa del ruido. Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace".
Hoy, ya siendo adulto y observando a los que tienen la responsabilidad política de representarnos, tengo la impresión que hablan demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportunos, presumiendo de lo que tienen, de sus cargos, se sienten prepotentes, agresivos, haciendo sentir a la gente un padecimiento cercano a la ignorancia, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo: "Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace".
Sería bueno que el Ejecutivo nacional y todos los legisladores que lo apoyan -sin olvidarnos de las bancas opositoras-, comiencen a transitar un camino donde tengan la suficiente capacidad para empezar a llenar la carreta, ya que todavía hace demasiado ruido.
Tratemos de pensar en una patria que se pueda sustentar con honestidad, justicia social y trabajo digno, que exprese la voluntad del pueblo.
El país debe seguir adelante, y a los que les toque escribir este pedazo de historia, lo hagan pensando en nuestra bandera azul y blanca.
La Redacción.
Tapa 262

Editorial
El ciudadano y su responsabilidad cívica
Juan Bautista Alberdi decía en sus Estudios económicos, hacia 1873, que “la peor de las pobrezas es la pobreza que vive satisfecha y orgullosa de serlo; la pobreza que hace gala de su debilidad y atraso”, y para encontrar un canal de solución a la misma refería que “su remedio, del que yo hablo, no es la beneficencia, la asistencia pública, la caridad, sino la economía política o la política económica en general...” El análisis del autor de las Bases no puede ser más actual. Vivimos sumidos en la pobreza económica e intelectual, el Congreso de la Nación , reverdecido en pleno invierno, aparece como una solución a los conflictos después de 100 días de maduración ciudadana. Es de esperar que estos 100 días hayan dejado la clara lección que las competencias indelegables de uno de los poderes del Estado son realmente indelegables, y las mismas se discuten en su seno y no en las rutas o en los medios. El Artículo 22 de la Constitución dice que: “El pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución...” Está en cada uno evitar la pobreza intelectual de las instituciones, enriqueciéndolas con el debate y la participación de cada uno de los ciudadanos. Aunque no delibere ni gobierne sino a través de sus representantes, nada le impide generar el consenso necesario para que el mandato otorgado a quien lo representa sea escuchado por el mismo. Quien no es sino el que recoge las necesidades de su pueblo y las transforma en normas conforme al apoderamiento que, como diputado o senador, le ha sido conferido a través de las urnas. Éstas serán el primero y último mojón de juzgamiento del ciudadano, su responsabilidad cívica. Pero la mayor labor de cada uno de nosotros se dará, siempre y en todo tiempo, siguiendo las acciones de quienes tienen nuestro mandato, en el segmento temporal que corre de uno a otro acto eleccionario.
Nelson D. Pereyra
Tapa 261
Editorial 2
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Editorial
Los símbolos patrios
Hay fechas muy importantes para la historia de nuestro país, que son recordados en actos oficiales o extraoficiales, a través de símbolos y actos simbólicos. Para muchos es un día festivo, para otros un día más, o una fecha dolorosa. Dependerá del significado que guarde en cada uno de nosotros.
Lamentablemente, se ha ido perdiendo el sentido y el valor de cada fecha patria en nuestra sociedad, en parte por la responsabilidad que le cabe al Estado, y al sentimiento de quienes lo integran.
En Argentina, es cada vez mas frecuente ver durante la semana de mayo a pocas personas con escarapelas en su solapa, y este año en particular debemos agregarle el conflicto entre el gobierno y el campo, días antes del 25 de Mayo, se tomó como una cuestión de marketing que los representantes del campo usaran escarapelas, por consiguiente, nuestros mandatarios casi no la usaron, por esta absurda discusión se llegó a mencionar “la escarapela sojera”.
¿Que pasará el 20 de Junio y el 9 de Julio, importantes fechas patrias para todos los argentinos?, ¿seguiremos sintiendo vergüenza de poner la bandera en nuestras casas y usar la escarapela?, ¿cantar el himno ya no es cuestión de orgullo, ni identidad?, ¿sólo saldrán las banderas cuando en lo deportivo, Argentina participe y gane?, ¿cuál será la razón de esta perdida de identidad?
Por último, sería bueno recordar que la bandera celeste y blanca fue la que encabezó el éxodo jujeño, no hubo en la historia argentina un hecho social de la magnitud de éste.
Todo un pueblo abandonó sus casas, su tierras, levantando lo que se podía y quemando lo que quedaba, dejando para el invasor sólo la nada.
Nelson D. Pereyra